Buscando flores por el mundo
El jardín de Diana en Kensington Palace
En uno de mis viajes a Londres fui a conocer un lugar que hacía tiempo tenía ganas de visitar: el Sunken Garden de Kensington Palace, el jardín donde hoy se encuentra la estatua de Diana, Princesa de Gales.
Está dentro de los jardines del palacio y, aunque Kensington queda en pleno Londres, cuando llegás a este sector el ritmo cambia completamente. Hay un estanque central, caminos rodeados de flores y una estructura de árboles y verdes que enmarca el jardín casi como si fuera una habitación al aire libre.
El Sunken Garden existe desde 1908 y fue diseñado siguiendo el estilo de los jardines eduardianos, con canteros, terrazas, césped y un gran estanque ornamental en el centro.
Diana vivió durante años en Kensington Palace y este era uno de los lugares del jardín que más le gustaban. Solía detenerse a conversar con los jardineros y a mirar las flores mientras caminaba por allí.
Después de su muerte, el jardín fue tomando una relación todavía más fuerte con ella. En 2017, a veinte años de su fallecimiento, fue transformado temporalmente en el White Garden, con una plantación inspirada en su vida, su estilo y hasta en algunas de sus imágenes y vestidos.
Predominaban los blancos y los tonos pastel, una estética que todavía hoy sigue marcando el carácter del lugar.
En 2021 el jardín volvió a ser rediseñado para recibir la estatua de Diana, inaugurada por William y Harry el 1º de julio, el día en que ella hubiera cumplido 60 años.
La escultura, realizada por Ian Rank-Broadley, la muestra acompañada por tres niños, una referencia a su trabajo humanitario y a su vínculo con la infancia.
Y para alguien a quien le gustan las flores, hay muchísimo para mirar.
Para preparar el jardín se plantaron más de 4.000 flores y cinco jardineros trabajaron alrededor de 1.000 horas en el proyecto. Hay más de 200 rosales de distintas variedades y una mezcla muy inglesa de flores y plantas: rosas, nomeolvides, peonías, hortensias, dalias, cosmos, lavandas, agapantos, tulipanes, narcisos y arvejillas, entre muchas otras.
Lo que más me gustó es que, a pesar de estar tan trabajado, no se siente como un jardín rígido. Las flores aparecen en distintas alturas, hay mucho verde, blancos, rosados suaves, lilas y amarillos, y todo acompaña al estanque sin competir con él.
Cuando estuve, una de las imágenes que más me quedó fue justamente ésa: la estatua al fondo, rodeada de flores y reflejada en el agua.
Es un lugar para caminar despacio y mirar.
Frente a la estatua hay además una piedra con parte de The Measure of a Man, un texto que había sido incluido en el programa del homenaje a Diana de 2007.
Habla de medir el valor de una persona no por su posición, sino por su corazón y por lo que hizo con el lugar que le tocó ocupar.
No hace falta recorrer todo Kensington Palace para disfrutarlo. El sector superior de los jardines y el Sunken Garden pueden visitarse gratuitamente y la vista del jardín se realiza desde el Cradle Walk, el paseo cubierto de árboles que lo rodea.
Si están en Londres y les gustan los jardines, las flores o simplemente quieren conocer un rincón diferente de la ciudad, yo lo pondría en la lista.
Lo visité en julio de 2024.
Mari 🌸
